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Advenimientos de lo real en la clínica psicoanalítica y en la civilización
Silvia Migdalet, Pre-texto 5 de la Cita internacional de Barcelone, en septiembre 2018

La conferencia "La tercera" tuvo lugar en Roma en el año 1974, en el marco del VII Congreso de la Escuela freudiana de París. En ese Congreso Lacan, además de su conferencia tuvo a su cargo la apertura y el cierre. Un Congreso que se extendió a lo largo de 4 intensos días, de los que contamos con algunos trabajos seleccionados para ser publicados en las Actas de la Escuela Freudiana (1). Para muchos, entre los que me cuento, la década de los 70, fueron años plagados de hechos políticos que nos han marcado sensiblemente. Pocos años antes del comienzo de esa década, el mayo francés del 68, se colaba durante el dictado del Seminario 17, y los estudiantes universitarios lo interpelan fuertemente a Lacan, que no sólo no elude las preguntas punzantes que les dirigen los “revoltosos”, sino que les responde decididamente: ...“les diría que la aspiración revolucionaria es algo que no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. A lo que ustedes aspiran como revolucionarios, es a un amo. Lo tendrán...” (2)

En mi país, Argentina, en esos años, para ser precisa, el 24 de marzo de 1976, se inició el período más negro de nuestra historia, un golpe militar instauró una dictadura que llevó adelante un plan siniestro de desaparición de personas, secuestros, torturas, apropiación de niños que eran entregados a amigos del régimen y a veces también, a personas que “ingenuamente” elegían mantener una posición negadora por la que no querían saber nada del horror... del advenimiento de un real que anidó en el colectivo social por muchos años y que conserva aún hoy las características de algo que no cesa en sus efectos.

Simultáneamente en esos mismos años el psicoanálisis Lacaniano, en Argentina, se expandió con mucha fuerza, que afortunadamente aún sigue vigente. Con muchos colegas, pensamos que los grupos de estudio de Freud y Lacan que proliferaban en ese tiempo, se habían constituido casi en el único lugar-refugio donde era posible hablar de temas de los que no se podía hablar en ningún lado, ya que como es natural a un estado dictatorial, el clima que imperaba era el del miedo y el de la sospecha generalizada. Hubo muchos que debieron buscar refugio en el eventual asilo político, o en un exilio forzoso y durante muchos años en la clandestinidad.

Estas breves referencias temporales, me parecen muy importantes para abordar nuestro tema común de trabajo en Barcelona 2018 , “Los advenimientos de lo real y el psicoanalista”. El advenimiento tiene una evidente relación al tiempo, siempre provoca un efecto de ruptura en la temporalidad homeostática de la serie, podría decirse como una suerte de embudo temporal, que apres-coup emerge con una “fidelidad no deseada” tanto en la transferencia como fuera de ella, es decir en la vida de un sujeto. En algunos atentados terroristas, en los que prevalece el terror y el factor sorpresa, se ha podido constatar que algunos sujetos que estuvieron muy cerca del acontecimiento de la explosión, y que milagrosamente salvaron sus vidas, cayeron en una especie de desorientación temporo-espacial, y estuvieron deambulando perdidos durante muchas horas, sin que las coordenadas habituales de su realidad estuvieran disponibles para ellos.

El advenimiento siempre es del orden de la emergencia. En español este término, tiene dos significados, sirve para indicar, por un lado algo que tiene relación con el verbo emerger, por ejemplo surgir del agua y también brotar. Por otro lado, el sustantivo emergencia, que indica accidente o suceso que sobreviene de forma imprevista, por ejemplo un “estado de emergencia”. Como señala Colette Soler, un advenimiento puede ser algo esperado o imprevisto, nuevo, inesperado.

Volviendo a las circunstancias de "La tercera", texto que de algún modo se ha considerado introductorio al seminario RSI 74-75, Lacan da una conferencia de prensa que nos sitúa plenamente en una de las aristas de nuestro tema que es el de los advenimientos de lo real, enfatizando especialmente en ese momento, la dimensión de lo real de la ciencia y sus consecuencias en la subjetividad. Sus respuestas son agudas y por momentos provocan un afecto despertador, al que hoy podemos conferirle un valor anticipatorio sorprendente. Agrega a la serie de los imposibles freudianos educar gobernar y analizar, la posición del científico, “la ciencia tiene una probabilidad, también su posición es totalmente imposible, pero ocurre que ella no tiene la menor idea al respecto” (3). El único “brotecito” que tenemos es que a veces los científicos se angustian y eso nos da alguna pista. El psicoanálisis aparece correlativamente a una cierta avanzada del discurso de la ciencia, y Lacan evocando el Malestar en la civilización, afirma que el psicoanálisis es un síntoma que forma parte de ese malestar y agrega: “el síntoma es lo más real que existe” (4). Asimismo respecto del psicoanalista, dice que se encuentra en un momento de mutación, ya que “durante un breve instante nos pudimos dar cuenta de qué era la intrusión de lo real. El analista se queda allí. Está allí como un síntoma y no puede durar más que a título de síntoma. Pero ya verá ud. que curarán a la humanidad del psicoanálisis. A fuerza de ahogarlo en el sentido”... (5)

El psicoanálisis, a partir del acontecimiento Freud en la Cultura con el descubrimiento del inconsciente, nos otorga un nuevo modo de tratamiento de lo real. Freud y su decir que señala que “eso debe advenir”.

Propongo escandir el título de nuestra X Cita, considerando por un lado, el sintagma “advenimientos de lo real”, en plural, tal como ha sido señalado en los pretextos que ya han circulado, y por otro lado, el psicoanalista, que se encuentra concernido por dichos advenimientos tanto en su práctica clínica, como así también por lo que se vehiculiza en los discursos de la cultura y su malestar.

Enumeremos entonces –de forma no exhaustiva y meramente indicativa– algunos modos del advenimiento de lo real que nuestra práctica clínica convoca fatalmente: las marcas de la fijación de goce traumático en su irreductibilidad, la viscosidad y la inercia de la libido en el síntoma, la angustia, la irrupción de la repetición en su dimensión tíquica, la puesta en causa del objeto a en el discurso analítico en el lugar de agente, haciendo caer los velos de las identificaciones, a los que paradójicamente la transferencia misma, en su momento de instalación como SSS habría ofrecido un velo; y finalmente un S1 en el lugar de la producción, al que por la vía del deseo del analista, como deseo de obtener la diferencia absoluta, el sujeto enfrentado al significante primordial, “viene por primera vez en posición de someterse a él” (6). El análisis, como lo sugiere Lacan en el Seminario XI, requiere de cierta valentía, ya que conduce, como ninguna otra praxis al hueso de lo real. El picoanálisis depende de lo real, tanto de aquel que emerge en un análisis, como así también del que es efecto de la ciencia y la tecnología en la civilización. A nosotros, practicantes del psicoanálisis, nos toca el sostenimiento del discurso del analista en esta época del capitalismo cuyo real es que justamente no promueve los lazos sociales. Nuestra política debe responder a ello sin desconocer sus consecuencias y seguir apostando entonces al lazo social inédito inventado por Freud, el lazo analista analizante que implicó el advenimiento de algo que no encuentra ningún modelo en las relaciones habituales que mantenemos con nuestros semejantes. Es quizá por esta vía que Lacan también aspiraba a que el psicoanálisis tuviera algo nuevo para decir sobre el amor, ya que postula el advenimiento de un nuevo amor que no desmienta el real de la imposibilidad de la escritura de la relación proporción sexual.

Señalemos que del mismo modo que en el año 1974, Lacan evocaba los 20 años de “su primera” (La conferencia de Roma del 53), nuestra cita en Barcelona, también marcará los 20 años de la creación de la Internacional de los Foros del Campo Lacaniano, es decir de la puesta en primer plano de la clínica del goce y de lo real que lo atraviesa. Una fundación que se originó en el cuestionamiento del mal uso de UNO y por ende de una política tendiente al pensamiento único en la institución analítica. Estos son significantes que todavía nos representan. Tendremos ocasión de recordarlo, pero también dedicaremos media jornada a debatir acerca de la política del Campo Lacaniano hoy. Cuáles han sido sus efectos, sus resultados, y no menos importante aún, atendiendo las particularidades que ha tenido en las distintas zonas de nuestro conjunto internacional. Las fuertes crisis políticas, sociales e ideológicas que prevalecen hoy en nuestro mundo del capitalismo globalizado pueden ser leídas –en parte– desde las potentes herramientas conceptuales del psicoanálsis. Freud y Lacan se han ocupado suficientemente de la relación entre el psicoanálisis y la política. Para nosotros analistas del campo Lacaniano, se trata de la política del goce en sus diferentes anudamientos. El goce que con su carácter entrópico constituye una suerte de economía política, y la segregación que es inherente a la estructura del parlêtre, el goce segrega, separa. Lo que no es lo mismo que el racismo o la discriminación. Lacan decía que el inconsciente es la política, es decir que el analista en el consultorio trabaja con eso y con el objeto a como semblante. Fuera del consultorio puede tener una posición ideológica política cualquiera, incluso más o menos fanática, a condición de que eso no le interfiera en su escucha. Hoy un colega me contaba que una analista le había dicho que ella no tomaba pacientes “gorilas”, término que en el argot local, hoy es utilizado para designar a alguien muy de derecha... Pienso que nuestra política de tratamiento de lo real de la segregación en la institución analítica, debe subordinarse a la política de estar separados juntos, de los disperso-dispares.

Lo real de la ciencia y la segregación

No son pocos los lugares en los que Lacan advierte de lo que podría advenir de lo real. En la Proposición de octubre del 67 dirigida a los analistas de la Escuela, también se ocupa de eso y advierte de lo real de la ciencia. Se han cumplido recientemente 50 años de este texto fundante de nuestros principios, y no deja de ser sorprendente el poder anticipatorio del que hablábamos más arriba.

Cito: “En lo real de la ciencia que destituye al sujeto de un modo muy diferente en nuestra época, cuando solo sus partidarios más eminentes, un Openheimer, se enloquecen por ella” (7). Hoy tenemos a las neuronciencias, que en sus versiones más radicalizadas, prescinden por completo de la dimensión del sujeto y además son un poderoso aliado del ”pujante” mercado capitalista de los laboratorios. Lacan también se pronuncia acerca de eso en la "Proposición", y leemos que “nuestro porvenir de mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”(8); y merced a los efectos de universalización de la ciencia, vislumbra ciertos reordenamientos de las agrupaciones sociales como consecuencia de dicha universalización.

Por último, Lacan indica “tres puntos de fuga” como una suerte de proyección de nuestro horizonte, se trata de lo que como psicoanalistas deberemos tener en perspectiva, de lo que no podríamos dejar de ocuparnos, poniendo en juego el psicoanálisis en extensión, pero anudado a la hiancia del psicoanálisis en intensión.

Sitúa entonces, como tercera incidencia la que proviene de lo real y la conecta con el campo de concentración y la segregación. Convoca a los psicoanalistas a ocuparse de ello sin desviar la mirada. Lo real de la segregación en el grupo analítico y en la civilización. Respecto a la segregación es interesante recordar que Lacan reconoce en la fraternidad una de sus formas más netas, y si hace falta recordar tanto que somos hermanos es porque en algún punto no lo somos...

Al real de la ciencia y la tecnología de nuestro tiempo, debemos tenerlo en nuestro horizonte para conocer sus nuevas formas y poder operar sobre los nuevos reales en su incidencia subjetiva, por los nuevos goces ofertados y la proliferación de gadgets para consumir. Freud en el Malestar en la Cultura pensaba que este sometimiento sin más a los avances de la ciencia y la tecnología no implica de suyo un avance en el bienestar de la humanidad.

Es una tarea del psicoanálisis aggiornarse y dialogar con los discursos existentes, ya que nuestro deber es no ignorarlos. La ciencia avanza inexorablemente, aunque no se sepa exactamente hacia donde, y como afirma Lacan, sus efectos generalmente son considerados providenciales, es decir que se parte de la premisa de que eso va en la dirección de proporcionar bienestar al hombre. No se trata de oponerse a eso y reclamar los beneficios que podría aportar un retorno a la edad de piedra. Se trata de reflexionar acerca de sus efectos, como lo han hecho Freud y Lacan, dado que ellos transforman la subjetividad de nuestro tiempo y el sujeto siempre debe asumir frente a ellos una posición ética, y por ende conllevan un juicio íntimo, una decisión y una elección. Es allí donde el discurso del analista puede tener tiene una incidencia.

¿El real que produce la ciencia es el mismo real del psicoanálisis? Se podría discutir, pero en todo caso, podremos convenir en que el goce es el real del psicoanálisis, con el que operamos e intervenimos, produciendo mutaciones, transformaciones, seres mutantes, habitantes de un mundo que tiene el privilegio o la desgracia de cierta condición de extraterritorialidad...

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Referencias bibliográficas
(1) J. Lacan, Actas de la Escuela Freudiana de París, VII Congreso de Roma, Ed. Petrel,1980, Barcelona, España.
(2) J: Lacan, Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis, pág. 223, Ed. Paidos, 1992, Buenos Aires, Argentina.
(3) J. Lacan, "Conferencia de prensa del Doctor Lacan", octubre 1974, en Actas de la Escuela Freudiana de París, Ed. Petriel,1980, Barcelona, España.
(4) Ibid.
(5) Ibid.
(6) J. Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Ed. Barral, 1974, España.
(7) J. Lacan, "Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela", en Otros escritos, Ed. Paidos 2014, Buenos Aires Argentina.
(8) Ibid.

Advenimientos de lo real
Diego Mautino, Pre-texto 04 de la Cita internacional de Barcelone, en septiembre 2018
Roma, 08 de septiembre 2017.

«La angustia, a fin de cuentas, es el síntoma-tipo de todo advenimiento de lo real.»[1]

En la cita en exergo “todo” es a entender en el sentido de “cada” advenimiento de lo real, advenimientos entonces, en plural, lo real, por tanto, no es universal, no es uno, cada uno de sus elementos es idéntico a sí mismo, pero sin que puedan ser dichos “todos” — solo hay conjuntos a determinar en cada caso. Esta expresión plantea diversas cuestiones, comienzo con dos: ¿cuáles son estos advenimientos de lo real en los discursos de hoy? y ¿con qué síntomas los sujetos responden? Una de las primeras definiciones de lo real escrita por Lacan en 1954 es: «lo que subsiste fuera de la simbolización»[2], o sea fuera del lenguaje. ¿Qué es lo que subsiste fuera del lenguaje? Siguiendo una indicación de Colette Soler[3] podemos decir la materia, en sus dos manifestaciones: lo inanimado y lo viviente; cada una constituyendo el objeto de dos grandes ciencias, la física y la biología.

No hay la menor esperanza de alcanzar lo real por la representación —que subsiste fuera de lo simbólico y de lo imaginario—, eppur… hay vías de acceso. ¿Cuáles son las vías de acceso? Freud da testimonio de una: confrontado al descubrimiento de un primer goce fuera del lenguaje —el trauma—, pasa el evento al significante y eso constituye un primer elemento del inconsciente–lenguaje al cual otros se agregan, condición para la invención del inconsciente. Colette Soler indica que se podría discutir acerca del uso de la palabra advenimiento para el acceso al real mediante el trauma y decir más bien que el evento de un real, no constituye un advenimiento hasta que no se agrega el aporte significante, entonces el advenimiento propiamente dicho sería: la invención freudiana del inconsciente y el advenimiento del psicoanálisis como nuevo discurso[4]. Primer ejemplo que prueba «la eficacia del sujeto»,[5] que no es solo efecto del lenguaje o del discurso —negatividades de la estructura—, sino también fecundidad de invención, de Un-decir.

La expresión «advenimientos de lo real»[6] es utilizada por Lacan a propósito de los efectos de la ciencia; y escribe que hace falta tener en cuenta lo real porqué los «hechos del inconsciente»[7] toman el cuerpo e indican que «el analista aloja otro saber, en otro lugar»[8], mientras los hechos de la ciencia toman la materia como «saber en lo real […] y es el científico quien tiene que alojarlo»[9]. ¿De qué real habla? Lo dice en seguida: «Es decir lo que resulta de nuestra experiencia del saber. Hay saber en lo real. Aunque a este no sea el analista sino el científico quien tiene que alojarlo. El analista aloja otro saber, en otro lugar, pero que debe tener en cuenta el saber en lo real.»[10] La indicación que es el científico quien tiene que alojarlo, evoca el lugar… y el lugar reenvía a los cuatro lugares en los cuales los discursos se constituyen por la permutación de los cuatro términos implicados por la estructura del lenguaje. La afirmación: «Hay saber en lo real», hace necesario interrogar este saber ¿qué es lo que lo caracteriza? Hace aún más falta decir algo en cuanto avanza: «el analista aloja otro saber», no el mismo entonces. Lacan habla frecuentemente del saber de la ciencia, como un saber que reposa enteramente sobre el Uno. «El uno y el número, con la idea que las fórmulas de la ciencia están inscriptas en lo real […] de lo que se puede concebir que con las fórmulas matemáticas se construyan técnicas que permiten comandar lo real físico. De todos modos, el saber de la ciencia es un saber que forcluye el sujeto.»[11]

El número ¿lo más real del lenguaje?

Lacan habla de advenimientos de lo real —en Televisión y en «La tercera»— a partir de consideraciones sobre los efectos de la ciencia: alunizaje de un lado y, del otro, producción de nuevos plus-de-gozar. Respecto al primero, lo real que subsiste fuera de la simbolización, la materia, se revela sujeta al número, como si la naturaleza estuviera escrita en lenguaje matemático. Dice: «Esto se afirma por el hecho de que el discurso científico logra el alunizaje en el cual se atestigua para el pensamiento la irrupción de un real. […] el discurso político —esto hay que notarlo—, al entrar en el avatar, el advenimiento de lo real, se produce el alunizaje […]»[12] Esto conlleva efectos de goce por el poder de dominación y expansión, introduciendo consideraciones sobre el goce, que se mantiene “uno”, no hace pareja. Lacan retorna a este Uno introduciendo la letra —idéntica a sí misma—, necesaria porqué «únicamente a partir de allí tenemos acceso a lo real»[13]. En lo que concierne al uso de la palabra advenimiento para el acceso al real a través de la coalescencia del número y la materia, quizás podríamos aplicar a la ciencia lo que decíamos para el psicoanálisis, o sea, para considerarlo «advenimiento de lo real» será necesario que se agregue, además, la coalescencia del número y de la substancia gozante. Entonces el advenimiento propiamente dicho sería: la coalescencia número-materia más la coalescencia del número y de la substancia gozante.

El síntoma y lo real

A partir de esta división entre dos reales, relevados a través de dos accesos diferentes, y considerando que la ciencia no es sin efectos en el campo del goce, nuestra Cita internacional podrá permitirnos abrir cuestiones como: ¿con qué síntomas los sujetos responden? El saber de la ciencia está al servicio del poder —político y económico— y, aunque esté lejos de lograr su objetivo, financia la producción de nuevos plus-de-gozar. Lejos de lograr su objetivo es el diagnóstico que hace Lacan, por la imposible sutura del cuerpo-parlante que se pone en cruz[14] al programa de «la apatía del bien universal»[15] de la ciencia — al mismo tiempo esto hace lugar al discurso analítico. La ciencia hace soñar y entonces Lacan evoca la ciencia ficción, para mostrar su revés, o sea cuando los mismos biólogos son tomados por la angustia al confrontarse con un logro como el de producir bacterias tan fuertes que podrían «barrer con toda la experiencia sexuada, barriendo el parlêtre.»[16] Paradójicamente, la biología lograría su objetivo a condición de destruir la vida misma. Los avances científicos en tiempos de guerra dan prueba de una vía problemática de la fecundidad humana que, frente a tales atrocidades, no nos hace estar muy seguros que ciencia sea sinónimo de progreso. Respecto a la imposibilidad —frente al poder de un cierto real, a precisar en cada caso—, Lacan pronostica el fracaso de la ciencia, mientras, avanza considerando logros y fracasos del psicoanálisis, surgido como síntoma, o sea como recurso para tratar lo que no va en la vida de… cada uno.

«La angustia, síntoma» en exergo se puede entonces entender como el signo del «advenimiento de lo real». El alunizaje, los misiles o los gadgets, encuentran el límite de lo calculable cuando se trata del sexo, ninguna ecuación de la pareja, «[…] en el campo del deseo […] no hay un objeto que tenga más valor que otro»[17], ni del goce opaco propio al síntoma de cada uno. El síntoma de goce —para un parlêtre que está ya en la lengua—, viene de lo real[18], doblemente: 1) de lo real de la no relación causada por la toma de la palabra sobre el cuerpo y 2) de lo real de los Unos del goce opaco del síntoma, que lo suplen.

El Uno y el campo de la bi-partición

El advenimiento de lo real, respecto al síntoma —definido por «la manera en que cada uno goza del inconsciente»[19]—, es un Uno de goce o un Uno gozado, no cualquiera, cuyo sentido no cuenta. A partir de un primer advenimiento de lo real Freud ha puesto en marcha el psicoanálisis, él mismo un advenimiento, un nuevo saber-hacer con la irrupción de goce. ¿Qué hace el psicoanálisis confrontado con lo real del síntoma? Recurre al sentido, es decir al significante; pero cada significante, además de tener sentido, es también un uno de pura diferencia, cifra 1, fuera de sentido. Las dos dimensiones: el sentido y la cifra, están presentes en cada significante, enlazadas y heterogéneas. Entonces, cuando se habla de significante gozado a través de la coalescencia ¿de qué goce se trata? Dos goces están anudados: el del sentido —porqué las palabras tienen un sentido—, y el del Uno, de la cifra que es cada significante, que Lacan llama goce fálico. Cada significante no tiene el mismo sentido, pero sí el mismo real en cuanto uno de pura diferencia. Entonces significante gozado implica doble goce, bipartición del goce entre sentido gozado y goce de la cifra que soporta los significantes, fuera de sentido, real. Lacan sitúa los dos goces disjuntos en la puesta en plano del nudo borromeo pero están enlazados en cada significante, porqué cada uno conlleva al mismo tiempo el goce del sentido y el goce del Uno fuera de sentido. En esta perspectiva, el goce del Uno fálico es el vehículo del goce del sentido.

El advenimiento supondría entonces la conjunción de un real fuera de lo simbólico con el lenguaje y sus Unos. Para el psicoanálisis, lo real fuera de lo simbólico que lo concierne es la parte de vida afectada por el goce del viviente en cuanto sexuado. A nivel de las especies dichas superiores la substancia gozante es bipartita, distribuida según la sex ratio, que es un dato de la vida ligado a la reproducción por las vías del sexo y conduce a la imposibilidad de establecer la relación de ellos dos[20], cuando el Uno se articula no hay dos. “Hay del Uno” insiste Lacan y así, además de evocar el “no hay” de la relación sexual, nota que alrededor del Uno gira la cuestión de la existencia. Colette Soler[21] indicaba el Un-decir como el Uno “superior al sujeto”, que constituye en conjunto cada sujeto, conjunto cada uno único en su género. Un-decir del Uno que, solamente en un análisis, tiene chance de demostrar que “no hay” goce del dos. ¿Qué se puede esperar a partir de un análisis? ¿La satisfacción que marca el fin con un cambio de gusto? ¿Una satisfacción singular con un cambio de peso en la balanza de las satisfacciones entre la verdad y lo real? La perspectiva de un advenimiento de lo real a partir de un análisis ¿no introduce la necesidad del dispositivo del pase y de la Escuela que, por ese trujamán, reúne lo que Lacan llama “dispersos desparejados”?
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[1] Lacan J., «La tercera» constituye el texto de la exposición de Lacan en Roma del 1 de noviembre de 1974, con motivo del VII° Congreso de la École Freudienne de Paris (29/X-3/XI.1974). Una primera versión fue publicada en las Lettres de l’École freudienne, 1975, nº 16, pp. 177-203. «La tercera», en Intervenciones y Textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1988, p. 87. [Trad. ns.]
[2] Lacan J., «Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud» [1954], en Escritos, vol. II, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1975, p. 149, § 2.
[3] Cf. Soler C., Avènements du réel, de l’angoisse au symptôme, Cours CCP-Paris 2015-2016, Éditions du Champ lacanien, Collection Études, Paris 2016, p. 169.
[4] Cf. Soler C., Avènements du réel…, cit., p. 170, §2.
[5] Lacan J., «[…] reconozcamos la eficacia del sujeto en ese gnomon que él erige para que le designe en cada hora el punto de verdad.» Lacan J., en «La ciencia y la verdad», Escritos, vol. II, cit., [NdT: este párrafo falta en el texto establecido en español. Ver el original en francés: «La science et la vérité», Écrits, Paris, Éditions du Seuil, p. 877].
[6] Lacan J., Televisión, cit., p. 123. Otros escritos, cit., p. 562.
[7] Lacan J., Psicoanálisis Radiofonía & Televisión, traducción y notas de Oscar Masotta, Editorial Anagrama, Barcelona, 1977, p. 123. Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 563. Fuentes: Radiophonie, en Scilicet 2/3, Editions du Seuil, Paris, 1970, Télévision, Editions du Seuil, Paris, 1974.
[8] Lacan J., «Nota italiana», en Otros escritos, cit., p. 328.
[9] Ivi
[10] Ivi
[11] Soler C., Commentaire de la «Note Italienne» de Jacques Lacan, Edizioni Praxis del Campo lacaniano, Roma, 2014, p. 40.
[12] Lacan J., Televisión, cit., p. 117. Otros escritos, cit., p. 563.
[13] Lacan J., «La tercera», cit., p. 106.
[14] Lacan J., «[…] lo real es lo que anda mal, lo que se pone en cruz para estorbar ese andar», en «La Tercera», cit., p. 81.
[15] Lacan J., «La Tercera», cit., p. 88.
[16] Ibídem, p. 87.
[17] Lacan J., «[…] dans le champ du désir […] il n’y a pas d’objet qui ait plus de prix qu’un autre», Le séminaire, Livre VIII, Le transfert [1960-1961], Éditions du Seuil, 1991, 2001, p. 464.
[18] Lacan J., «Llamo síntoma a lo que viene de lo real», en «La Tercera», cit., p. 84.
[19] Lacan J., «El síntoma no es definible de otro modo que por la manera en que cada uno goza del inconsciente, en tanto el inconsciente lo determina.» El seminario XXII, R.S.I., Lección del 18 febrero 1975.
[20] Homofonía entre deux (dos) y d’eux (de ellos).
[21] Soler C., «L’UN tout seul et ses liens», Cita internacional de la IF, Medellín, Colombia, 15 julio 2016, en Heteridad n° 12, en preparación.

"Pre-texto 3"
Rithée Cevasco, Pre-texto 3 de la Cita internacional de Barcelone, en septiembre 2018
Junio 2017

La expresión “advenimientos de lo real” puede suscitar interrogantes. ¿Qué distinción hacer entre advenimiento ¿en singular?, ¿en plural? ¿acontecimiento(s)? e incluso ¿“manifestaciones” de lo real? ¿Cómo por otra parte no evocar el frecuente contrapunto en Lacan entre el “síntoma como acontecimiento del cuerpo” y “la angustia como manifestación del advenimiento de lo real

Si me refiero a lo indicado por Colette Soler, puesto que a ella le debemos la presentación del tema de nuestra cita: así como lo ha precisado en varias ocasiones, advenimiento toma el sentido de algo esperado e incluso deseado. El término adquiere pues un valor positivo. Pongo pues en relieve la pregunta: ¿qué puede esperarse como advenimiento de lo real a partir de un análisis? Lacan habló de su esperanza de un posible advenimiento en el final de un análisis: el de un nuevo significante, una invención –vaciando este término de toda pretensión– al final del análisis, un significante que provenga de cada uno, singular pues.

Encontramos la expresión “advenimientos de lo real” en “Televisión” y en “La Tercera”. No obstante Lacan la menciona también en otros contextos. Por no citar sino uno: el “advenimiento del sujeto real” que menciona en el Seminario 6, El Deseo y su Interpretación…, sujeto con el que nos confrontamos en la experiencia como “ya advenido” en el pasado, en el origen mismo de su producción.

En cuanto a “lo real”, entiendo el “du réel” como un partitivo en francés. El uso del artículo neutro en español me parece bienvenido en esta ocasión pues evita hablar “del (de EL) real”.

Y ello por varias razones.

En primer lugar, me parece que nos referimos a un “campo de lo real” más amplio pues que lo real circunscripto por la práctica analítica: real de la ciencia, del arte, de la política e incluso a veces del goce real del ser viviente.

El término “real” es portador, pues, de un sentido diferencial. Depende de las prácticas que lo circunscriben (término que podría afinarse con la escritura borromea). Se trate o no de prácticas elucidadas, siempre están atrapadas en cierto discurso. Abordamos a lo real como lo excluido de todo sentido, ¡sin duda!. Pero ¿que podríamos decir de un real que no estuviera circunscripto por una práctica/discurso? Lo real en tal o cual otro campo, en tal o tal otra práctica, se cierne como lo imposible (Freud se había percatado ya de ello, cuando hablaba de lo imposible de gobernar, de educar, de analizar). Podemos pues aproximarnos con más precisión a lo real como aquello que constituye el límite propio de cada práctica y todo discurso. Toparse con esos límites pudiendo por otra parte inducir un giro hacía otras orillas discursivas, lo real se revela de ese modo en los intersticios de la “ronda” de un discurso a otro.

Esto es válido para la ciencia misma que no deja de lado sus imposibles. Solo la ideología de la ciencia (no el orden de sus razones) en su alianza con el discurso del capitalismo está en el origen de la promoción de ese “todo posible” ofrecido en el mercado de las ilusiones consumistas.

Por otra parte, la escritura borromea nos permite circunscribir lo real en juego en el campo del psicoanálisis. Se define a partir del Uno (el del número, no evidentemente el de la unificación de dos en uno).

La escritura de lo real es doble en Lacan. El Uno de lo real como simple redondel de cuerda (expresión mínima llamada en el lenguaje de los nudos “nudo trivial”), equivalente al de lo simbólico y al de lo imaginario. Cada nudo trivial teniendo su consistencia, agujero y ex-sistencia. El redondel de cuerda es entonces “ciertamente la representación más eminente del Uno, en cuanto no encierra más que un agujero” nos dice Lacan en Aún, muy al comienzo de su aventura con los nudos borromeos.

Afirma asimismo y de manera insistente que “su nudo” es real. Ya no se trata del nudo trivial, sino del borromeo formado en su expresión mínima con tres redondeles de cuerda, y más allá se trata del nudo del sínthoma (con “h”) en tanto que este último es definido por una función, la de anudamiento.

Se trata entonces de la estructura real del parlêtre (real que Lacan intenta escribir fuera del “área” [l’erre] de la metáfora y que, en tanto real, no puede ser considerado como un modelo que se aplicaría a …).

Lo real es pues una de las tres dicho-menciones del parlêtre, como lo son lo simbólico y lo imaginario. Se trata de los elementos genéricos de todo ser hablante. Pero lo real del nudo es soportado por la modalidad del anudamiento por el sinthoma (con “h”): real singular, proprio a cada uno, uno por uno pues.

La clínica construye sin duda tipologías, esa es su función. Pero se trata de una clínica que debemos olvidar en cada caso nuevo, la orientación por lo real apuntando siempre a lo singular propio a cada analizante.

Lo real se conjuga pues con el Uno y también con “al menos tres…” descartando en cambio al dos que contradiría al axioma de exclusión (no hay relación sexual que pueda escribirse). Únicamente el discurso analítico permite desvelarlo a la diferencia de los otros que lo encubren.

¿Qué “advenimiento de lo real” podríamos pues esperar del psicoanálisis que no esté vinculado con este real imposible de la relación sexual? Ya sea bajo la forma de la letra del síntoma, o como manifestaciones de afectos y, entre ellos, en primer lugar el afecto privilegiado que constituye la angustia.

Sabemos que lo real específico del análisis en tanto imposible se localiza por las negatividades de la estructura del lenguaje: no hay metalenguaje, no hay discurso del universo, no hay Otro del Otro en el plano del lenguaje. Podemos añadir: la verdad en tanto medio-decir, e incluso el “no todo” del objeto “a” en su forzosa parcialidad. Todos enunciados de “no hay”, anteriores a la declaración en 1967 del axioma concerniente a la negatividad de lo real del sexo: “No hay relación sexual que pueda escribirse” (“gran secreto del psicoanálisis” nos dice Lacan). Goce y lenguaje se anudan pues en sus fórmulas de negatividades. Negatividades que en cambio encuentran sus respuestas positivas en las variaciones sinthomáticas (con “h”) que, al responderles, funcionan como sus suplencias.

En cuanto a los “advenimientos de lo real” a partir de la práctica del psicoanálisis se plantea in interrogante: ¿las variaciones de solución sinthomáticas (con “h”) encuentran una declinación diferencial según las modalidades del goce sexual: fálico y no todo fálico, ese goce otro que el fálico… si existiera? Goce otro que no debe confundirse con el goce del Otro... que no existe y que sólo se imaginariza en las significaciones fantasmáticas, principalmente encarnadas en las figuras de El padre y La mujer.

¿La elección del sexo (liberada de la significación fantasmática del goce) puede esperarse como advenimiento de lo real del goce sexuado? Si hablamos de elección, es porque está la expectativa de algo que advendría de nuevo a diferencia del síntoma de goce ya advenido y fijado desde la infancia en su dimensión ‘traumática”, en su doble vertiente; traumatismo sexual y traumatismo de lalengua que entran en coalescencia.

El imperativo freudiano, tantas veces comentado: “Wo … war soll … werden”[1] —dejo voluntariamente puntos suspensivos en los “locus” de lo que ya era y lo que debería advenir— puede evocarnos algo del orden de esos “advenimientos de lo real” a los que apunta la política de un psicoanálisis orientado hacia lo real.

Estos advenimientos surgen como efectos de un decir (ni deducido, ni inducido, sino inferido a partir de los dichos del analizante en la cura),[2] ese “decir” que queda olvidado tras los dichos.

Respecto al sínthoma (con “h) en cuanto función de anudamiento borromeo, ¿podemos esperar en la cura una posible elección? C. Soler[3] nos sugiere: si hay elección, si no estamos condenados por el destino ya trazado por las elecciones forzadas de las formaciones de los síntomas de goce en la infancia, esa elección se daría pues sin duda al nivel del sínthoma (con “h). He aquí pues algo que podría esperarse de un análisis.

Ello nos interroga y de una manera que nos concierne particularmente, en cuanto al “advenimiento” del sínthoma (con “h”) de analista y su relación con lo real. Nos interroga acerca del (o de los) por qué de esa elección, tema clásico estudiado bajo la forma del “advenimiento del deseo del analista”.

Un decir de este orden que puede ser pues inferido en el dispositivo del pase y que acompañaría en consecuencia una nominación de AE.

De los “advenimientos” de lo real a partir del análisis, ¿no podríamos también interrogar modalidades, o modulaciones del “no todo” en los atravesamientos del muro de los imposibles de la significación, del sentido, de la relación sexual (según L’étourdit), y, más particularmente, las inferencias de un decir del no todo en lo que concierne a ese goce otro que el goce fálico?[4]

Las fórmulas de la sexuación nos invitan, me parece, a dar ese paso a partir de ese “algo” que puede circular entre las cuatro estancias de lo necesario y lo posible, que determinan una contradicción (negación forclusiva: si o no) y de lo contingente y lo imposible que nos confronta, con un indecidible (si y no; si pero no del todo…, es eso, pero no totalmente…) más cercano a lo que sería la negación discordancial de la gramática francesa.

En este contexto, quiero aclararlo, no se trata de retomar el viejo debate acerca de la especificidad de la escritura femenina, pues la escritura de las mujeres, así como sus testimonios de pase, no son forzosamente (ni únicamente) de las que puede esperarse ese decir no todo. No se trata tampoco de la “feminización” del mundo analítico o mundial, y menos aún -va de suyo- de una supuesta “feminización” del analista hombre.

Se trata de la circulación entre el lado izquierdo y el lado derecho de las fórmulas de la sexuación que rompe todo anclaje en la “todhomanía” de universal de la normalidad (norma macha, nos dice Lacan) y de inferir el Decir del “verdadero agujero” de la estructura del parlêtre. Todo Decir es existencial y contingente, pero el Decir del Uno, el Decir del Uno-sínthoma (con “h”), puede declinarse en diversas modalidades de decires.. No se trata de afirmar que habría un UN-DECIR-OTRO, de ese goce otro que responde a una lógica del no todo, en cuyo caso retornaríamos ciertamente al cierre del discurso sobre la sexualidad que reconduciría al “dos” complementario de la relación que no hay.

La pregunta podría entonces ser formulada así: ¿qué conexión entre el UNO-Decir del sínthoma (con “h”) y el “no todo”?

He querido simplemente trazar algunas aristas posibles de los múltiples interrogantes a los que nos convoca el tema de “los advenimientos de lo real” para nuestra próxima cita en Barcelona. ¡No esperamos del análisis el advenimiento del mesías! Podemos esperar en cambio el advenimiento de una ética (ella también vaciada de toda pretensión) de un decir del no todo al cual nos invita el psicoanálisis. Advenimiento que podría tener incidencias más allá de nuestra práctica si lográsemos (¿esperanza vana?) producir un eco de nuestro discurso en otros “advenimientos” de lo real que se anuncian más bien del lado de un totalitarismo del todo. En particular en el campo de la política… por no detenerme en el discurso capitalista promotor de formas de “todhomanía” ciertamente no tradicionales, pero que no cesan de promulgar un universo de lo no-imposible, asociado a la omnipotencia de una ideología de la ciencia que no se hace responsable de las consecuencias de su tratamiento –sin duda eficaz– de lo real.
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1. La expresión freudiana bien conocida: Wo es war, soll ich werden.
2. En L’étourdit Lacan sitúa el DECIR como efecto de un corte. Con la escritura borromea pone en primer lugar el acento en un DECIR que anuda y nombra. No obstante más adelante (Seminario 24, L’insu…) retoma la función del corte sobre uno o más toros que son los redondeles de cuerda por la operación de su eventual inversión (retournement).
3. En su libro Lacan, lector de Joyce. (Próxima publicación en castellano en las ediciones S&P).
4. Nuestra colega Florencia Farías, según tengo entendido, ha presentado una tesis de doctorado donde aborda este problema. Lamentablemente no está aún a mi disposición, pero sí seguro que lo estará para otros colegas de nuestra comunidad y será pues una referencia en lo que concierne a esta cuestión.
5. Ver el capítulo XIV del seminario …ou pire. Corresponde a la clase de Sainte Anne sobre “El saber del psicoanalista” del 1 de junio de l972. Lacan habla de lo que sería algo del orden de una circulación (lo cual no deja de evocar la “ronda” de los discursos) inducida por la propia lógica inestable que funda esta partición lógica del goce sexuado entre todo fálico y no todo fálico.

Trauma: acontecimiento y advenimiento de lo real
Sandra Leticia Berta, Pre-texto 02 de la Cita internacional de Barcelone, en septiembre 2018
Mayo 2017

A partir del momento en que decidimos trabajar el tema del advenimiento de lo real para el próximo Encuentro Internacional me pregunté por las incidencias clínicas de esta expresión. Por haber investigado algunos años sobre el trauma inmediatamente se me impuso una pregunta: si considero el factor tíquico del trauma ¿hay alguna diferencia entre el acontecimiento traumático y el advenimiento de lo real? Les presento mis consideraciones.

En la historia del psicoanálisis, el acontecimiento traumático dio lugar no solo al descubrimiento del inconsciente sino también a la diferenciación entre acontecimiento traumático y la estructura del trauma a ser entendida como agujero (trou) y cuya escritura es: S(A/), así como lo propuso Lacan en el final de su enseñanza. El pasaje del acontecimiento traumático al troumatismo orienta la dirección de la cura en cada análisis. La elaboración de un saber sobre el instante tíquico torna el trauma índice de un real indecidible.

En esa dirección que va del trauma al troumatismo diferenciamos algunas concepciones de la temporalidad: la del a posteriori (nachträglich), la del acto que privilegia el corte topológico y la del tiempo del anudamiento borromeano. Todas ellas cuentan con temporalidad lógica propuesta por Lacan: instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir.

Decir el advenimiento del trauma en lugar de acontecimiento traumático puede servir para destacar el instante traumático diferenciándolo de su elaboración. Entiendo que es un matiz al cual me referiré más adelante. En nuestra comunidad hemos hablado del evento de goce del significante 1, del pasaje de la tychê como acontecimiento de goce y de los unos de la repetición. Me parece que en este sentido acontecimiento y el advenimiento son sinónimos, como podemos leerlo también en el diccionario. Pero el advenimiento pone el acento en la llegada y no solo en los diferentes trazos del acontecimiento.

Por otro lado, si nos referimos al advenimiento, tenemos que diferenciar dos acepciones en la enseñanza de Lacan: advenimiento del sujeto y advenimiento de lo real. No son las únicas pero si las más relevantes.

La noción “advenimiento del sujeto” es oriunda de las elaboraciones sobre lo simbólico y fue formalizada por las operaciones de causación del sujeto: alienación y separación.[1] Recuerdo brevemente que, en la alienación con su vel de la disyunción exclusiva el sujeto elige la petrificación o el sentido. En la anterioridad lógica de la causación del sujeto la segunda operación refiere a la separación cuyo efecto es el objeto a,[2] entrando el sujeto en la metonimia de la cadena significante (S1-S2).

Cabe agregar que en un momento posterior el vel de la disyunción exclusiva sirve para señalar la división del sujeto y el goce. Aquí lo que se acentúa es el significante gozado, la substancia gozante que es finalmente lo que adviene de lo real si consideramos el S1.

De hecho, la contingencia del advenimiento de lo real por un significante S1 podemos leerla en las operaciones de la causación del sujeto y también en la escritura del nudo borromeano.

El advenimiento de lo real como irrupción de S1 está presente referido al sujeto y a las elaboraciones sobre el parlêtre. Ambos comparten la misma lógica pero en lo que respecta a la temporalidad me parece que la causación del sujeto pone el acento en el a posteriori traumático aludiendo a un real que resta como límite éxtimo mientras que en el nudo con su cardinalidad el advenimiento del trauma es anudado.

El 1 de lo traumático es 3: real, simbólico e imaginario. Aquí el “advenimiento de lo real” puede convenir al trauma borromeano indicando que el trauma adviene anudado. Entre los años 1974 y 1975 podemos encontrar una diferenciación entre el advenimiento de lo real y el acontecimiento del decir que requiere la temporalidad del nudo. En el Seminario 21, Le non dupes errent Lacan incluye al acontecimiento del decir como escritura del nudo diferenciando el acontecimiento simbólico, real e imaginario.[3] Un pasaje llamó mi atención: “El acontecimiento, él, el acontecimiento no se produce sino en el orden de lo simbólico. No hay acontecimiento sino del decir”.[4] Es preciso tiempo para escribir el nudo del decir, nudo del parlêtre que se hace al trauma borromeano.

Avancemos sobre la expresión “advenimiento de lo real” en "La tercera".[5] En esta conferencia, contemporánea al Seminario 21, Lacan dice que el analista depende del advenimiento de lo real, como ya lo ha destacado Colette Soler en su libro Les Avènements du réel, de l´angoise au symptôme[6] y en el primer Pre-texto de la Cita de Barcelona, 2018. Después de esta afirmación, Lacan se refiere a la interpretación como equívoco y a la lalangue que se sedimenta como detritos del inconsciente de una experiencia que deja como saldo un saber. La interpretación obra con lalangue lo cual no impide que el inconsciente sea estructurado como un lenguaje. Eso significa que la interpretación opera con los Unos de goce para que el parlêtre se haga a lo borromeano.

Si el trauma es advenimiento anudado de S1, irrupción de lo real, esa es la prueba clínica de que el trauma es anudamiento de un real. Aunque para el trauma advenimiento y acontecimiento sean sinónimos podemos encontrar un matiz. Acentuar el advenimiento de lo real del significante traumático no es sin consecuencias porque convierte el a posteriori en acto y en tiempo lógico anudado. Además las consideraciones sobre la moterialité propias al nudo borromeano inciden sobre el sentido nachträglic. En la clínica hay que forzar (forcing[7] matemático) la palabra en su moterialité para leer en lo que se oye y producir una escritura. Por lo tanto no es lo mismo buscar el sentido de un acontecimiento que apuntar al sentido-gozado de un saber. Eso no significa prescindir del fantasma pues sería impracticable la clínica, pero sí estar a disposición “de eso que hace función de real en el saber”.[8] Esos dichos del acontecimiento traumático aluden al acontecimiento de un decir y evocan lo real anudado que ex-siste al sentido (ausentido).

Finalmente, el advenimiento de lo real del trauma convoca a pensar la clínica borromeana, considerando el inconsciente real y el agujero en el saber. Una vez más, hablar del trauma en psicoanálisis es hablar del psicoanálisis. No es por casualidad que la pregunta de Freud sobre el trauma dio lugar al descubrimiento del inconsciente.

São Paulo, 26 de Mayo de 2017.
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1. Lacan, Jacques (1964). El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1989.
2. Lacan, Jacques. El Seminario La lógica del fantasma. 16 de noviembre de 1966.
3. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 21. Los no incautos yerran. 18 de diciembre de 1973.
4. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 21. Los no incautos yerran. 15 de enero de 1974. “[...] l´événement lui, l´événement ne se produit que dans l´ordre du Symbolique" (Publicado en Staferla).
5. Lacan, Jacques. "La tercera". 1ro. Noviembre de 1974. Publicada en Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial, 1993, pp. 73-113.
6. Soler, Colette. Avènements du réel, de l´angoise au symptome. Cours 2015-2016. Paris: Éditions du Champ lacanien. Collection Études, Octobre 2016, p. 170.
7. Lacan Jacques (1776-1977). El Seminário L´insu que sait de l´une-bévue s´aile à mourre. 19 de abril de 1977.
8. Soler, Colette. Lacan, l´inconscient réinventé. Paris: Presses Universitaires de France, 2009, p 19.

Advenimiento de lo real
Colette Soler, Pre-texto 01 de la Cita internacional de Barcelone, en septiembre 2018
Abril 2017

Aprovecho este primer pre-texto que me pidieron los dos responsables de la Cita 2018 en Barcelona, para reflexionar sobre la problemática del tema que hemos elegido.

La palabra advenimiento designa un momento de emergencia, un tiempo de aparición de algo nuevo, inédito, que se puede prever –advenimiento al trono de Luis XIV, o el advenimiento de un nuevo régimen político–, que puede también ser esperado simplemente –como en el uso mesiánico, advenimiento del salvador o del fin del mundo–, pero también puede advenir por sorpresa. ¿No es, por ejemplo, el caso del advenimiento del freudismo a finales del siglo XIX? El matiz aquí es interesante: no hablaríamos del advenimiento de Freud, sino del freudismo, sí, que no estaba de ningún modo previsto y menos aún esperado.

Entonces, ¿advenimiento de real? La idea común, incluso aquella recibida de la transmisión lacaniana, no es la de que lo real pueda advenir. Más bien sería pensado como lo imposible de evitar para los seres hablantes que están inmersos en lo imaginario y lo simbólico. Esta definición, imposible de evitar, por amplia que sea, ya divide lo real en dos partes. De un lado, lo real que no debe nada a lo simbólico, un tsunami, lo mismo que la sex ratio a la que Lacan da tanta importancia, son de este género, digamos globalmente, lo real de la naturaleza o de la vida. Pero lo imposible de evitar no se reduce a ello, pues del otro lado está también el destino –es la palabra utilizada en nuestra civilización para designar lo imposible de evitar– que nos hace el lenguaje.

Desde siempre se lo ha declinado en términos de desdicha,[1] de impotencia y de imposibilidad, y se lo ha imputado a los dioses o al pecado. Lacan reconoció ahí el efecto de la estructura del lenguaje sobre el viviente, lo que yo he llamado las negatividades de la estructura. Pero eso es olvidar que las brechas introducidas por el lenguaje en el hablante están preñadas de muchas otras cosas más allá de esta maldición: de todas las posibilidades de invención y de creación que desde hace tiempo han sido incluidas en el término de “sublimación” y de las que la humanidad se glorifica. Ya en “De una cuestión preliminar…”, ¿no decía Lacan incluso que “la función de irrealización no está toda en el símbolo”?[2]

Ahora bien, cuando Lacan emplea la expresión “advenimiento de lo real”” –no dice “de real” ni “de reales”– en Televisión y en “La tercera”, habla en los dos casos de efectos de la ciencia. Alunizaje por un lado, y por el otro, producción de nuevos plus de goce en el capitalismo que la ciencia condiciona. Se está claramente en la problemática de la fecundidad humana, de su capacidad para hacer advenir lo nuevo, para cambiar conjuntamente y a la vez su ser y su entorno. Ciertamente, no estamos ya hoy en día tan seguros de que esta capacidad sea sinónimo de progreso, como sí fue el caso con el entusiasmo de las Luces del siglo XVIII, y también con la esperanza del “hombre nuevo del siglo XIX”; hoy, la historia ha mostrado la cara sombría y sin ley de esta fecundidad. Lacan, siempre al día, señala ahí indudablemente, sus efectos… biopolíticos para lo colectivo, más allá de los efectos propiamente individuales que el psicoanálisis trata. Ya en otro lugar, al final del seminario XI, preguntaba: ¿Qué pasará cuando todo el libro de la ciencia haya sido comido? Sin duda el último capítulo aun no está escrito, pero nosotros no podemos hacer menos que retomar la cuestión en Barcelona 2018.

Este no será más que un aspecto de nuestro tema, puesto que nosotros deberemos preguntarnos también cómo adviene para cada uno este real que nos hace el inconsciente, llamado destino durante mucho tiempo. ¿Se hablará acaso de un advenimiento del destino bajo su cara más sombría de maldición? Esta es la cuestión. Los dos términos parecen contradecirse, puesto que el advenimiento es acontecimiento, mientras que el destino se comenta como un “estaba escrito”. Y de hecho, se experimenta como sufrido, esencialmente como repetición y síntoma, dos nociones freudianas, donde Lacan lee los dos mayores efectos del inconsciente-lenguaje, es decir, el inexorable encuentro fallado,[3] que falta, y la fijación inamovible del goce y sus condiciones.

Entonces, ¿advenimiento de la repetición? Sí, puesto que la repetición es menos automaton que tuchè. Es necesario el encuentro accidental a merced de los episodios de la vida, para que la ley del encuentro fallado advenga como necesaria, como lo que no cesa. Adviene por lo que lo motiva, la insistencia de los significantes del inconsciente. Recordé el texto de 1955, diciendo que la función de irrealización del símbolo no lo es todo, pero he dejado en suspenso la continuación de la frase, que decía, hablando del símbolo “para que su irrupción en lo real sea indudable, basta con que se presente, como es común, bajo forma de cadena rota.” Y Lacan quería como prueba nada menos que las palabras de amor en el acercamiento de la cosa partenaire. Televisión dirá, veinte años más tarde, “dicha”,[4] “el sujeto es feliz, es su definición” irónica. Está siempre en la fortuna[5] de la repetición. Y es que mientras tanto, Lacan produjo el inconsciente como saber, hecho de significantes-gozados cuya insistencia en la manera de abordar al Otro es claramente un advenimiento de real, el del “no hay proporción sexual”.

En cuanto al advenimiento de real en el síntoma, se le ve en estado naciente en la fobia, este primer significante que se exceptúa de los significantes de la demanda llegados del Otro. El caballo, significante de Hans, no es un objeto. Lacan lo habrá machacado bastante, pero tampoco es un ofrecimiento del Otro, es propiamente un advenimiento, una invención, he aquí de nuevo la invención, de un significante que “encarna” el goce del “pene traumático”.[6] Asegura una primera coalescencia del goce y del significante. Y a Lacan le hace decir que Freud inventó el inconsciente, el inconsciente que él descifra en significantes, a partir del descubrimiento de que ciertos seres hacen de su propia erección, a partir entonces de este primer gozar traumático que la fobia eleva al significante usando algunos elementos imaginarios de la percepción. Es muy exactamente el advenimiento del ciframiento del goce, ya que las fobias infantiles desaparecen, pero el ciframiento, o sea la sustitución, continua del sueño al lapsus, en las llamadas formaciones del inconsciente.

Quedan aún las fijaciones de goce del síntoma, menos efímeras, donde la cifra adviene como letra, única, que es idéntica a si misma, es decir fuera de la cadena e insubstituible, por lo tanto una excepción. Su advenimiento es sin ley, contingente, se exceptúa de los programas del discurso del Otro y es, si se cree a Lacan, lo que LOM, que escribe en tres letras y que se fabrica entre simbólico e imaginario, tiene de más real.

En todos los casos lo real que adviene, ya sea para el colectivo o para cada uno, es un producto de esta extraña capacidad de LOM para hacer lenguaje de todo, de los misterios de una naturaleza que lo sobrepasa y que la ciencia intenta controlar, como también del goce de la cosa que se encierra en lo particular de los casos y que es justamente el motor de lenguas en constante evolución. El psicoanalista se sirve de ello, pero ¿con qué fin?
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1. El término original en francés es “mal-heur”, como mala suerte, mala fortuna, “en mala hora…”
2. Lacan J., “La cuestión preliminar (…)”, en Escritos 2.
3. “rencontré manquée”, como encuentro fallido, faltante, fallado, que no ha tenido lugar.
4. ¿“Bon heur”, en oposición a “mal-heur”? ¿Entonces podría traducirse por “dicha” (la dicha de “dichosos aquellos…”)? Creo que la frase que le sigue indica esta dirección.
5. “ Il est toujours à l'heur sans e...”
6. Lacan J., “Conferencia de Ginebra”, 1975.

Presentación

20 años se van a cumplir desde la creación de la Internacional de los Foros del Campo Lacaniano tras la iniciativa lanzada en Barcelona en julio 1998, nueva andadura que, siguiendo el camino trazado por Sigmund Freud y Jacques Lacan, surgió como movimiento de contra-experiencia con el propósito de crear una Escuela de Psicoanálisis, la cual nació efectivamente en el 2001.

20 años después nos reencontraremos de nuevo en Barcelona, aquellos y muchos más, con motivo del X Encuentro de la IFCL y el VI Encuentro Internacional de Escuela. Disponemos de lo esencial: el empuje del deseo de la comunidad internacional, el compromiso de los Foros de Barcelona y del resto de España para que su organización llegue a buen puerto, y el título del encuentro que va a funcionar durante este tiempo como eje vertebrador del trabajo de esta comunidad.

Los advenimientos de lo real y el psicoanalista: un título enigmático por la semántica de “advenimiento”, por su plural —pluralidad que remite a la diversidad de elementos de lo real así como a sus diferentes acepciones—, desde aquello que vuelve siempre al mismo lugar haciendo obstáculo al bienestar, hasta lo real que puede desbordarse, enigmático también por la relación compleja entre los dos términos, de dependencia del segundo respecto del primero, pero no solo eso…

Si como afirma Lacan en La Tercera, el porvenir del análisis depende de lo que adviene de real, y no al revés, ¿qué consecuencias de estos advenimientos —apoyados por el discurso científico— para los lazos sociales y en particular para el discurso analítico, aquel que suelda al analizante con la pareja analista-analizante?

Un título entonces que nos hace pregunta, que nos mantiene despiertos, un título que nos va hacer trabajar. No hay advenimiento de lo real que no venga a truncar la ilusoria y deseada vivencia de continuidad en el hablante-ser, ya sea el que produce el trauma del Otro como constituyente, el de lo real del goce del cuerpo, el del accidente, o el que produce el avance de la ciencia. Es decir, que todo advenimiento de lo real implica un efecto, efecto inmediato que es de afecto —la angustia—, o efectos más silenciosos, incalculables, que se filtran en lo social y de los que constatamos que no dejan de generar nuevas segregaciones. No está en manos del psicoanalista reducir los advenimientos de lo real; el psicoanalista puede responder, nos dice Lacan, haciéndoles la contra.

Presentación de Rosa Escapa y Ramon Miralpeix (coordinación general)

VI E. Escuela - La Escuela y los discursos

La Escuela y los discursos
Primer desarrollo del tema
Marc Strauss (02-09-2017)

“hay para ustedes – deberían quererlo- otra forma de pasar su revuelta de privilegiado: la mía, por ejemplo. Lamento solamente que tan pocas personas que me interesan se interesen por aquello que me interesa” (J. Lacan, Ornicar 49, p. 7)

La fundación por Lacan, de su Escuela de psicoanálisis, se inscribe en una historia de discursos, es este último que le confiere su lugar en el espacio social, y le asigna sus tareas.

Sin duda, la fundación, por Lacan, de su Escuela es, de hecho, anterior a la escritura de los matemas de los discursos; pero ella no lo es en su esfuerzo de rendir cuentas de la experiencia analítica por medio de un discurso inédito hasta Freud. Su aparición respondió a una realidad ella misma inédita, una forma del síntoma devenido intratable. En efecto, el síntoma no se origina a partir de Freud, él es correlativo de la propia existencia de la palabra. Aún, fue necesario poder reconocerlo como tal para poder esclarecer retrospectivamente los avatares históricos.

Así, el discurso del amo y el de la histérica son solidarios en su modo de afrontamiento. El orden significante impone esa división, que corresponde a un corte sin remedio entre el representante y lo representado. Consecuentemente, el discurso del amo que reposa en el consentimiento al Uno que se exceptúa, nunca va sin la parte de sombra del sujeto, con que se adorna la histérica para completarlo.

Esos dos fueron suficientes por un tiempo para ordenar el mundo, pero, frente a la descomposición del imperio del Uno, el amo, para continuar hablando en nombre de todos, ha debido refugiarse detrás del saber.

El discurso universitario es entonces, una “regresión” frente al esfuerzo de verdad al cual la histérica hacía su llamado. El sujeto ahí se encuentra cortado de la verdad, en un sufrimiento devenido inarticulable, y por lo tanto, inaudible. Así, deslegitimada, ella se tornó más estridente en la medida en que la ciencia, devenida cálculo contable, borraba los interlocutores posibles, sacerdote y médico.

Es entonces que un nuevo interlocutor le ha nacido al sujeto, el psicoanalista, obviamente. Padeciendo como la histérica de las violencias del nuevo amo, él ha sabido escucharla y restituirle la razón.

El proyecto de Freud fue hacer que las nuevas violencias de la civilización fuesen más soportables, inclusive, atenuarlas. Podemos decir que él logró cambiar la mirada de su época sobre el género humano, sus motivaciones y sus realizaciones, suscitando así expectativas tal vez desmesuradas. Hoy, el discurso del mercado triunfante deshace cada vez más los lazos tradicionales.

Al contrario, Lacan nunca promovió, en nombre de Freud, un ideal colectivo; por el contrario, él insistió sobre el lazo de uno por uno, sin embargo, fundó la Escuela. Un colectivo entonces, que él quería que fuese inédito, en la medida de la novedad del discurso analítico, integrando sus adquisiciones en su funcionamiento, hasta la selección y la garantía de los analistas.

Esta preocupación por la coherencia apuntaba no solamente a su funcionamiento interno, sino también, a la función que Lacan le atribuía al psicoanálisis: una función contra el malestar en la cultura, de la cual la Escuela debía ser la base. Pero que sea defender y preservar su campo o conquistar un campo más amplio, que se limite a la perpetuación de la experiencia o que quiera tener peso sobre las elecciones de la ciudad, es necesario que él se haga escuchar como recurso.

Ahora, el malestar contemporáneo nos es conocido: La sed de la falta de gozar. En efecto, la originalidad del discurso capitalista, enunciado por Lacan como una performance, es la de proponer él mismo su propio tratamiento, en un circuito sin fin. Que lo sepan o no, los sujetos que él determina, están presos allí. ¿Cómo entonces el discurso analítico ser indicio de una solución diferente? ¿Por qué querer renunciar a la sed de la falta de gozar y sus tormentos enervantes, y en nombre de qué? Es claro que estamos hoy en un momento particular del psicoanálisis, y los modelos nos faltan para responder. Después de haber suscitado una credulidad casi dichosa entre quienes manejan la opinión, el psicoanálisis es de nuevo, el objeto de una fuerte sospecha, cuando no de rechazo, como si se tratara de una charlatanería. Ante la mirada de los métodos basados sobre la química de las interacciones moleculares y de las estadísticas, el neuro-complementarismo le disputa su lugar en el mercado.

El llamado a la intervención del psicoanalista padece, obviamente, de esta devaluación.

De dónde surgen entonces algunas preguntas:

— Qué es lo que dentro de nuestro funcionamiento de Escuela hace el relevo con pertinencia de cada uno de estos discursos.
— ¿Cómo en la Escuela controlamos nuestros procesos de selección y de garantía?, ¿cómo los situamos en el orden de los discursos, sabiendo que ninguno va sin los otros tres con los cuales cierra la ronda ordenada del deseo?
— ¿Cómo interviene allí el quinto discurso, del capital, que deshace esa ronda para imponerse sólo?
— ¿Cómo puede el psicoanálisis ofrecer tratar los impases del sujeto, si el discurso contemporáneo se sustenta por no admitir ninguno?
— Entre el repliegue monástico, con su amenaza de fragmentación e impostura dedicada a la retorsión colectiva, ¿cuáles estrategias adoptar para conservar la reconquista del campo freudiano y lacaniano?

Traducción por Clara Cecilia Mesa